Dentro de la gestión curricular docente (y por supuesto, estudiante), un asunto de gran interés es el acto evaluativo.  Algunos de estos actores, al parecer, creen que la evaluación es el fin, el medio y el inicio del acto educativo, es decir, el proceso se centra en este aspecto y se convierte en TODO.  El problema es que se resta relevancia a “lo formativo” y todo se desarrolla alrededor de “lo sumativo”.

Asumiendo que “las incursiones en el territorio de la calidad educativa, tienen un cómplice inevitable y valioso: la evaluación” (López, M. 2002)*, es necesario preguntarnos el porqué y para qué evaluamos; estos cuestionamientos deben realizarse en cualquier parte del proceso del curso que se ha planeado, y no solo al inicio de este.

¿Evaluamos el aprendizaje de los estudiantes?, ¿Para el aprendizaje de los estudiantes?, ¿Porque somos profesores y sencillamente esto “hace parte de nuestro trabajo”?, ¿Para formalizar el ascenso de grado de un curso?, ¿Para diagnosticar los conocimientos previos?… por la razón que sea, la evaluación siempre estará matriculada en alguna de las tres grandes funciones asignadas a la evaluación**:

  • La Diagnóstica
  • La Formativa
  • La Sumativa

De igual manera, sin importar el motivo de la evaluación, por lo generar, termina siendo sumativa, pues aunque es fácil argumentar que toda evaluación es formativa (si los profesores optan por utilizar los datos recogidos para mejorar su instrucción y proporcionar intervenciones para los estudiantes), NO es la intención o el propósito de una evaluación lo que define si es una evaluación sumativa o formativa, es la “acción” adoptada por el profesor, tras una evaluación lo que proporciona en última instancia esta distinción.  es decir, cualquier evaluación debe consistir en informar la instrucción y proporcionar oportunidades para intervenciones inmediatas y esto sólo ocurre cuando se implementan acciones de la evaluación formativa (retroalimentación constante y mejora continua de todos los procesos implicados).

Ya sea que esté trabajando de forma independiente o en colaboración, usted puede llamar a sus evaluaciones como quiera, pero es la acción inmediata y específica de retroalimentación y mejora continua para ser verdaderamente formativa, de lo contrario toda evaluación debe considerarse sumativa.

“Es manifiesto el hecho de que las estrategias que los estudiantes diseñan y aplican están más vinculadas a las exigencias que plantean los distintos enfoques evaluativos utilizados por el profesorado que no a otros elementos de su acción docente.”  Agència per la Qualitat del Sistema Universitari a Catalunya, 2003

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2 comments on “¿Evaluación para formar, sumar o diagnosticar?

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